Cada año que pasa se va adentrando más en la ciudad, hasta el punto que no suele pasar mucho tiempo -puede que unos días- sin que vea alguno pasar por mi propio barrio.
Me refiero al arrendajo euroasiático Garrulus glandarius, un singular córvido alejado de la idea general de estas aves, de aspecto lúgubre y coloración más bien oscura. El arrendajo es un ave colorida y llamativa, aunque suele ser desconfiado y no suele ponerse mucho al descubierto. Ya hace unos años que lo vengo viendo en la urbe, pero como dije antes, la cosa va a más.
Aunque es netamente un ave ligada al arbolado, se está adaptando bastante bien a parques y jardines de cierta entidad, donde está criando en los últimos años. Todavía no en gran número, pero esto era algo impensable hace unos años.
Su carácter oportunista y su omnívorismo son bazas a favor en su expansión urbana. No parece que vaya a ser un ave frecuente en barrios, más bien en parques y jardines con cierta extensión, pero en sus movimientos entre estas zonas, ya es un hecho que puede verse en zonas bastante antropizadas.







