Ir caminando por la ciudad y oir el estridente ruido de las cotorras, es algo que en los últimos tiempos tenemos muy asumido. De hecho casi ni les prestamos atención. Esto no lo digo por mi, si no por lo que veo en la gente en general.
Pero no, no es nada lógico escuchar y ver a estas especies en nuestro medio natural ni en el urbano. Nos hemos acostumbrado a ellas, porque ya llevan unas décadas entre nosotros, pero insisto: no es normal.
Y es que ambas especies, que resultan las psittacidas en libertad más abundantes -aunque alguna otra hay-, están consideradas como especies exóticas invasoras, y por ello incluidas en el Catálogo Nacional de Especies Exóticas Invasoras.
Tienen afecciones sobre la fauna y flora autóctona y por ello, están en este catálogo. En Marbella están en clara expansión.
La cotorra argentina Myiopsitta monachus, que fabrica nidos de considerable tamaño en árboles -aquí sobre todo en palmeras-, es una ave gregaria y bastante ruidosa, capaz de alimentarse de casi cualquier materia vegetal. Desplaza a especies autóctonas, por su agresividad y competencia por el alimento. Si llegan a zonas de cultivo el problema se puede amplificar, pues ya en sus países de origen en Sudamérica, creaba problemas en las cosechas.
Por su parte la cotorra de Kramer Psittacula krameri originaria de Asia y África, también tiene un amplio espectro trófico que le permite alimentarse de multitud de recursos presentes tanto en el entorno urbano, como en zonas naturales. Ya están penetrando en éstas últimas bastante, según mis observaciones, y como nidifican en agujeros -generalmente en el arbolado-, compiten directamente con las especies nativas por la posesión de estos “reducidos” recursos a la hora de criar, llevando a algunas especies a tener problemas para reproducirse por la competencia que suponen.
El problema a estas alturas tiene difícil solución, por los números que están alcanzando estas dos invasoras. Es la consecuencia de no haber tomado medidas a tiempo, cuando sus poblaciones todavía no estaban desbocadas. Con las exóticas siempre es aconsejable retirarlas cuando todavía sea posible, aplicando el principio de precaución, antes de que lleguen a ser un problema ambiental, como de hecho lo son ya.












