La
abubilla Upupa epops es una típica habitante de medios
arbolados abiertos, aunque en realidad puede verse en una amplia
variedad de medios, como praderas, sotos e incluso algunas zonas
urbanas, como parques y jardines, donde últimamente se está
convirtiendo en un visitante habitual. Otro espacio donde acude a
buscar alimento, de un tiempo a esta parte, es en los campos de golf,
tan abundantes en la Costa del Sol, y que simulan relativamente bien
el hábitat óptimo de la especie. Incluso llega a frecuentar zonas
dunares.
Resulta
inconfundible, con su pico largo y curvado, su cresta eréctil, sus
alas blancas y negras y la cola negra atravesada por una banda blanca
en el centro. Y al verla volar tampoco puede haber confusión. Vuela
batiendo las alas aparentemente con desgana y describiendo en el
vuelo una clara ondulación.
Es
mayoritariamente insectívora y consigue su alimento compuesto
principalmente por orugas, pupas, lombrices e incluso insectos
adultos, introduciendo el pico en la tierra, entre grietas o entre la
hojarasca, como si se tratase de un ave limícola. Un comportamiento
curioso y generalmente poco conocido, es el de buscar las orugas de
la procesionaria del pino, en los nidos que éstas construyen ,
comportamiento este que demuestra que no solo se alimenta en el
suelo, si no que es capaz de explorar otros ambientes que en
principio pudieran parecer no adecuados para la abubilla.
El
comportamiento migrador de esta bella ave es complejo. Es una
migrante transahariana, que sin embargo mantiene poblaciones
residentes en el sur y este de la península ibérica, a la vez que
durante la invernada se reciben ejemplares de procedencia más
norteña. Por todos estos factores en nuestra provincia la podemos
ver durante todo el año, en números más o menos similares.
Precisamente
esta mañana he visto a una de estas bellas aves en un parque de la
ciudad; lo que viene a corroborar que se han adaptado a estos
espacios verdes, enclavados en plena urbe, al menos durante la
invernada.